PROYECTO COSAS

Cita del texto de Melisa Boratyn - Curadora

       "En la casa de su padre colgaba un calendario con la fecha 5 de mayo. El día que su madre había fallecido quedaba inmortalizado en un objeto sin importancia. Los años pasaban, sin embargo aquel calendario permanecía detenido en el tiempo. No fue hasta que se embarcó en este proyecto que Ariela Naftal comprendió que Las Cosas no son solo cosas cuando en ellas guardamos nuestra historia.

       La fotografía es una herramienta que nos permite registrar el mundo que nos rodea. De manera fehaciente traslada al soporte aquello que vemos, sin embargo no debemos ignorar que detrás de la cámara se encuentra un artista observador, que analiza y aporta subjetividad. Ariela utiliza esta técnica como instrumento para narrar relatos cotidianos.

       Se podría decir que ella tomó el papel de retratista. De modo silencioso y con mucha paciencia comenzó a descifrar el valor en lo aparentemente insignificante. Fueron los encuentros los que la llevaron a  crear lazos con las personas y los objetos. Necesitaba sentir una conexión. A medida que le acercaban sus “tesoros” y se sentaban a hablar, develaban el misterio. Luego ella los descontextualizaba, alejándolos del entorno, para registrarlos tal como habían llegado a sus manos, viejas, gastadas y marcadas -indicios de que habían sido disfrutadas- El resultado final es el traslado de esos relatos al papel en una serie de fotografías que respetan el tamaño real de dichos objetos.

       Cada Cosa tiene una historia. La máquina de coser que Raquel había comprado con la plata de la venta de su vestido de novia, un acordeón -símbolo de la pasión de una familia por la música- el juguete preciado de una niña, una cartera vieja y poco glamorosa pero heredada con mucho amor.  La silla donde Ana, desde que se enfermó, miraba las novelas. Un pasaporte falso que salvaría a un habitante de Danzig de la muerte durante la segunda guerra mundial, permitiéndole iniciar una vida nueva en un país remoto. La cuchara que a pesar de ser igual a cualquier otra es única por haber pertenecido a un ser querido. No importa cuántas haya en el mundo, esa es irremplazable.

       La vida es frágil y finita. El tiempo pasa y las generaciones se renuevan trayendo consigo lo novedoso. Sin embargo escondemos una necesidad por encontrar algo tangible que nos permita preservar el pasado y presente que nos define. Las paredes de esta muestra son un reflejo de eso. Están plagadas de los objetos más variopintos que se vuelven preciados no por lo que valen sino por lo que simbolizan, que refuerzan la memoria de alguien que ya no está, un recuerdo de la infancia, un amor eterno, un viaje o una pasión.

       Hace varios años que Ariela intenta comprender porque le depositamos tanto valor emocional a lo material.

       El valor del objeto es el que le concede cada sujeto. Las Cosas terminan siendo el lado visible del espíritu”